Nadie se escapa de La Comay

No sólo es la reina del chisme, sino que se ha convertido en líder de opinión en Puerto Rico

ENERO, 2013: Para sorpresa del país, el programa de chismes “SuperXclusivo” queda fuera del aire luego de que miles de personas se unieran en un boicot en su contra. <br /><br /> Logran sacar a La Comay del aire
ENERO, 2013: Para sorpresa del país, el programa de chismes “SuperXclusivo” queda fuera del aire luego de que miles de personas se unieran en un boicot en su contra. Logran sacar a La Comay del aire
Crédito: Tomada de Facebook
Por AP 21 de agosto de 2014

SAN JUAN, Puerto Rico.- Nadie está a salvo de los dardos de La Comay.


Esta muñeca de cinco pies de altura que tiene una cabeza de hule espuma con labios de un rojo encendido, la voz chillona y una afición por los detalles salaces es la reina de los chismes en Puerto Rico, donde legiones de televidentes la sintonizan todas las tardes a la espera del próximo comentario explosivo.


La Comay -regionalismo por comadre- lo suelta con una música ominosa de fondo, sea para hablar del cantante mexicano Luis Miguel o de la Miss Universo 2006, la puertorriqueña Zuleyka Rivera.


Con su característico alarido "¡Ayayayayayay!" salpicado con el tipo de sirenas reservadas para desastres nucleares, La Comay presenta lo que ha sido de manera consistente uno de los programas más populares en Puerto Rico durante una década.


"Señoras y señores, oigan esto", dice La Comay en un programa mientras va tras un periodista local bien conocido. "Aparente y alegadamente, el periodista y miembro del personal aparente y alegadamente estaban ebrios".


Con acento travieso pregunta: "¿He mencionado nombre yo?" Aparece entonces un travesti que repite uno de los latiguillos de La Comay: "¡Tíralo al medio, comay, tíralo al medio!"


El programa ha sido criticado por ser excesivamente sensacionalista y por difundir comentarios despectivos contra las mujeres y los homosexuales, pero "Super Xclusivo" permanece como la principal fuente de noticias para miles de personas en este territorio estadounidense y para cientos de puertorriqueños en Florida y Nueva York.


La isla se paraliza cada tarde para ver a La Comay hablar no sólo de los chismes locales, sino también exponer escándalos de corrupción en el gobierno y en las empresas.


"Es una adicción", dice Iris Laboy, seguidora del programa desde hace tiempo en San Juan. "Es el programa más impactante de la televisión local puertorriqueña".


Eso no pasa desapercibido para los funcionarios gubernamentales, incluido el gobernador de la isla, su secretario de justicia y el presidente del Senado, quienes le han concedido a La Comay entrevistas en directo mientras en ocasiones evitan a otros medios de comunicación.


El candidato a gobernador Rafael Bernabe causó sorpresa cuando recientemente rechazó una invitación para aparecer en el programa, uno de los primeros políticos en campaña que evitan el asiento polémico de La Comay en los últimos tiempos.


Alvin Cuoto, vocero del Partido del Pueblo Trabajador, dijo que la decisión de Bernabe de no aparecer en un programa de chismes era una cuestión de principios.


"Es una decisión muy difícil ya que reconocemos el rating que tiene ese programa, sobretodo en el pueblo trabajador", explicó Cuoto. "Pero, sin duda, sabemos que para que otro Puerto Rico sea posible, tenemos que mantener nuestros principios".


La Comay es interpretada por el comediante Antulio "Kobbo" Santarrosa, que mediante su portavoz rechazó varias solicitudes para ser entrevistado.


Todos los días, Santarrosa se pone medias, tacones altos, un vestido y guantes de plástico color piel que llevan uñas pintadas. El toque final es la cabeza de hule espuma, que lleva cabello crespo de color rubio pardusco, un lunar negro en la mejilla izquierda y una boca enorme por la que Santarrosa atisba.


"Señoras y señores, pueblo de Puerto Rico", grita La Comay a diario antes de arrojar el nuevo dardo. La hora del programa se concentra sobre todo en celebridades, delitos sonados y las ocasionales metidas de pata de funcionarios y periodistas locales.


La Comay nunca revela sus fuentes, y se apoya totalmente en la frase "aparente y alegadamente" para sustentar sus noticias. A un lado de su trono rojo con plateado está el comediante cubano Héctor Travieso, quien hace las veces de su compinche siempre atento.


Los puertorriqueños le elogian su estilo directo y se regocijan en entrevistas como la realizada al presidente de un sindicato de electricistas estatales, a quien le suspendieron el servicio eléctrico porque no había pagado sus facturas.


"Para ser honesto, no había atendido la situación", dijo tímidamente el presidente sindical a un periodista de "Super Xclusivo" ante las risotadas de La Comay.


Se ha mofado también de celebridades por sus malos modales en la mesa, como cuando se refirió al locutor radiofónico Epi Colón por lamerse los dedos en público "como un puerquito haciendo ruido" luego de una gran comida.


Millares de televidentes son cautivados por las irreverencias de La Comay, como puede atestiguar el reverendo Juan Matías, de la Primera Iglesia Bautista de Carolina.


Hace poco visitó un hospital para orar por una mujer enferma de 85 años de edad, pero la televisión de la señora ya estaba sintonizada en el programa de La Comay cuando él llegó poco antes de las 6 de la tarde.


"Noto que no me está haciendo caso. Está concentrada", recordó el reverendo mientras reía. "Yo tenía que esperar prácticamente toda la hora para que ella viera el programa".


A Manuel Ocasio, un puertorriqueño de 54 años que vive en Miami, no le agrada la estrategia de La Comay.


"A mí lo que no me agrada del programa es que simplemente se aprovechan de la desgracia de otros para hacer algo gracioso", dijo. "No hay que presentar los problemas personales de nadie".


Seguidores de La Comay dicen que ésta tiene el poder de hundir a alguien, dándole relevancia al programa en una isla aquejada por la corrupción. Ella refleja la curiosidad natural de los puertorriqueños por los asuntos del vecino y ha demostrado la importancia de exigir explicaciones de las personas en el poder sin importar su posición social, según un admirador que se identificó como "Jorge" en una discusión pública en Internet sobre La Comay.


Santarrosa "le está enseñando a las masas a ser irreverente a la hora de cuestionar y confrontar a los líderes de nuestra sociedad y gobierno", escribió el admirador, quien no respondió a una solicitud para una entrevista.


El reverendo Matías dijo que ocasionalmente ve a La Comay para poder identificarse con su congregación, y aunque no es un admirador, elogió el programa por mantener en la luz pública casos como el de Lorenzo González, un niño de 8 años que fue asesinado en un lujoso barrio en marzo del 2010. Las autoridades han nombrado a su madre como sospechosa, pero no han arrestado a nadie.


"De no ser por la presión que se ha generado a través de ese programa específicamente, el caso podría estar en este momento durmiendo el sueño de los justos", dijo.


En un intento por asegurarse de que nadie olvide la muerte de Lorenzo, La Comay mantiene una foto del niño junto a una vela en cada emisión.


A pesar de la relación amor-odio hacia el programa, La Comay es reconocida por andar a la caza de entrevistas difíciles y de las primicias que otros medios se esfuerzan luego por seguir.


"(La Comay) ha logrado la credibilidad que elude a tantos en el llamado periodismo formal", escribió Sandra D. Rodríguez en una columna reciente para el diario El Vocero. "Por eso hay que preguntarse, ¿qué tiene La Comay que la prensa ha dejado de hacer?"