La batalla más "sangrienta" de EEUU

    processing...

    BOLETÍN DE NOTICIAS

    EFE

    EEUU- Pocos han oído hablar de San Fermín o saben dónde está Buñol, pero pertrechados con faja y pañuelo rojo y locos por batallar con tomates unos 10,000 estadounidenses han experimentado por primera vez la emoción de un encierro y la catarsis de una tomatina. "The Great Bull Run" y "Tomato Royale" son los nombres elegidos para esta versión "americana" de dos fiestas españolas: los encierros, que tienen en Pamplona (Navarra) su más popular referencia, y la Tomatina de Buñol (Valencia). El Virgnia Motorsports Park, a las afueras Petersburg (Virginia), acogió hoy una mezcla de feria del condado, con sus bandas de música "country", sombreros de cowboy y frituras y, por primera vez en la historia de este país, varios encierros en un circuito en el que normalmente se escenifican tradiciones sureñas, como carreras de velocidad o "Monster Trucks". "Queríamos traer a Estados Unidos la emoción española del encierro. Es complicado ir a Pamplona en Sanfermines, y ahora tenemos aquí para Estados Unidos los toros para los más valientes y la tomatina para los menos arriesgados", indicó a Efe Rob Dickens, fundador de esta idea que recorrerá once ciudades del país. Unos quinientos participantes por cada una de las ocho carreras (4,000 en total) saltaron a un circuito de albero en línea recta de 500 metros para experimentar la emoción de correr delante de los toros, en este caso no morlacos bravos, sino toros de rodeo. "Podríamos traer toros bravos si quisiéramos, pero no deseo que nadie salga herido, esos animales no son juguetes y la gente aquí no está lista para eso", explicó Preston Fowlkes, el ganadero Kentucky contratado para la gira de "Great Bull Run". Para algunos la experiencia de correr entre doce toros de rodeo de más de 400 kilos no fue todo lo arriesgada, al límite y larga que esperaban -menos de un minuto de encierro-, pero para otros muchos fue una de las más emocionantes de sus vidas y merecedora de los entre 50 y 75 dólares que pagaron. "El toro me ha rozado, pero lo esquivé, me apetecería otra carrera, pero hay que pagar otros 30 dólares", lamentó Walter Fernández, que ha recorrido las más de cinco horas que separan Nueva Jersey de Petersburg. "Para prepararme me he visto varios vídeos de Pamplona, pero comparado con ellos esto es una pasarela de modelos, aunque de todas maneras me lo he pasado en grande", explicó James Cleary tras el segundo encierro, mucho más rápido del primero. Chris corrió en 2009, el año en que Capuchino causó un muerto en el cuarto encierro, y hoy viste un camiseta de Iruña. "Esta fiesta es mucho más segura, aunque Pamplona es más divertido, los toros son más grandes, más rápidos. Yo recomendaría venir aquí y, si les gusta, ir a San Fermín". Las participantes debieron firmar un documento que eximía de responsabilidades a la organización por algo que avisaban entrañaba alto riesgo de resultar herido. "Estamos en Estados Unidos, en España vas por tu propio riesgo, pero aquí hay mucha costumbre de demandar", recuerda Joseph Kowinski, que viste una camiseta con el lema "Yo sobreviví a los Sanfermines". Además, no todos estaban a favor de este evento y una decena de activistas pro derechos de los animales, como Will Lowrey, protestaron por una actividad lúdica que expone a los toros a daños y que, en su opinión, podría no ser legal en este país. Pese a todo los participantes salieron satisfechos, sin graves heridas y Dickens planea introducir el próximo año algún astado bravo entre los toros de rodeo. Para acabar la fiesta, unas 5,000 personas se enzarzaron en una batalla con tomates inspirada en la Tomatina de Buñol y que acabó como en Valencia con los participantes empapados en zumo, una eventualidad para la que los organizadores habían preparado duchas. Al final del día, los organizadores se felicitaron por la buena acogida de un evento que quería probar cómo eran recibidas en territorio estadounidense estas tradiciones españolas. Con un balance de unos pocos contusionados y en un ambiente familiar, Estados Unidos parece haber acogido con risas una versión muy propia de dos de los acontecimientos que más atención y sorpresa suscitan en el exterior.