Indignación por nueva inyección letal

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    LUCASVILLE, Ohio - Un asesino de Ohio sentenciado a muerte pareció jadear varias veces durante su prolongada ejecución mediante un proceso de inyección letal ensayado por primera vez en Estados Unidos. Dennis McGuire lanzó varios sonidos semejantes a ronquidos durante los más de 15 minutos que se prolongó su agonía. Su estómago se hinchó y deshinchó varias veces y abrió y cerró reiteradamente la boca. Sus hijos adultos, que asistieron a la escena en una sala vecina, sollozaron durante el proceso. McGuire, de 53 años, fue sentenciado a muerte por la violación y muerte por apuñalamiento de Joy Stewart, ocurrida en 1989 en el condado Preble del oeste de Ohio. Stewart, de 22 años y originaria de West Alexandria, Ohio, estaba embarazada al momento de su asesinato. La ejecución se realizó por medio de dosis intravenosas de dos drogas, el sedante midazolam y el analgésico hidromorfona, derivado de la morfina. El abogado de McGuire había dicho que su cliente enfrentaba serios riesgos de sufrir un fenómeno médico conocido como disnea, que lo llevaría a sentir terror al tener dificultad para respirar. El estado presentó evidencia de su propio experto para rebatir esa posibilidad, y argumentó que McGuire esperó demasiado para presentar la apelación, que fue entregada a principios de este mes. Un juez federal le dio la razón al estado de Ohio al autorizar la ejecución. A petición de la defensa de McGuire, el juez Gregory Frost también ordenó el miércoles que el estado fotografíe y conserve las cajas de las drogas y ampolletas, así como las jeringas usadas en la ejecución. El asesinato de Stewart permaneció sin resolver durante 10 meses hasta que McGuire, detenido por un incidente no relacionado y esperando mejorar su situación legal, dijo a los investigadores que tenía información sobre la muerte de la mujer del 12 de febrero de 1989. Sus intentos por culpar del crimen a su cuñado fracasaron rápidamente y las autoridades luego lo acusaron a él, de acuerdo con la fiscalía. Más de una década después, evidencia de ADN confirmó la culpabilidad de McGuire, y él mismo reconoció ser el asesino en una carta dirigida al gobernador de Ohio, John Kasich, el mes pasado.