Mujeres buscan proteger a huérfanos de feminicidios

Tras perder a sus madres, viven en el desamparo, los pleitos por la patria potestad y la incertidumbre.

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    Mujeres buscan proteger a huérfanos de feminicidios
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    Sus primeros pasos los dio tomado de la mano de sus abuelitos, y sus primeras palabras se las dijo a su tía porque su mamá, la mujer que más lo amaba en el mundo, fue asesinada en plena calle por su pareja.

    "Lo primero que hace en las mañanas es mirar las fotos de su mami, darle besos y decirle hola".

    Desde el homicidio de su hermana, Juanita y sus padres tratan de darle una vida normal al pequeño, pero saben que su situación legal es tan vulnerable como su salud psicológica, porque nadie los ha orientado en cómo tratarlo y lograr que un juez les dé la patria potestad definitiva.

    "Él es nuestra fuerza para seguir adelante, para buscar la justicia para su mamá", dice Juanita Benítez, sobre el homicidio de su hermana.

    La misma incertidumbre y pesar viven otras familias que se hacen cargo de los huérfanos de los feminicidios.

    Por ello, muchas mujeres como Sandra, quien también cuida a su sobrino, han iniciado una lucha por lograr que se implemente una estrategia nacional que atienda, apoye y garantice la seguridad de estos pequeños y las personas que toman el papel de sus madres.

    "Estamos exigiendo un derecho que les corresponde, que tenemos formado como país, en la ONU y que en teoría el interés de los niños debería ser superior", subraya Sandra Soto, cuya hermana fue asesinada.

    La lucha de estas mujeres empezó hace unos meses en Coahuila, pero se ha extendido a casi toda la república mexicana, debido al alto índice de feminicidios que hay en este país y que dejan a cada vez más niños en la orfandad.

    Desde el Estado de México, Araceli impulsa la idea de terminar con el vacío legal en este tema, porque ha pasado meses en los juzgados intentando que las leyes le entreguen a sus dos nietas debido a que, según la indagatoria, el papá de las pequeñas es el asesino.

    "No las llevan a la escuela, están incomunicadas, no las llevan a terapia psicológica", afirma Araceli Ávila, cuya hija fue asesinada.

    Diversas organizaciones de derechos humanos han señalado que lo que hoy se hace por estos niños solo los convierte en víctimas